Dos dragones custodian un huerto que produce frutos dorados. Uno tiene alas. No se necesita. Se muerden hasta quedar cubiertos de sangre. Al morir se convierten en agua viva. El hombre que escribió esto dijo que los dragones son las dos cosas dentro de cada persona que se odian y no pueden separarse. El alado puede ser expulsado. El que no tiene alas nunca se va. Las pintó en la pared de un cementerio.
El mismo hombre dijo que la negrura al principio es la única señal de que la obra avanza correctamente. Sin ella, todo falla. La comparó con la vela negra del barco de Teseo — la vela que hizo que el padre se lanzara por el acantilado porque creía que su hijo estaba muerto. El padre interpretó la vela negra como una derrota. El hijo sabía que era la victoria. El alquimista dijo que ambas lecturas eran correctas. El padre tuvo que morir para que el hijo se convirtiera en rey.
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