Investigadores de Princeton descubrieron que el cerebro humano emite ondas electromagnéticas de ultra baja frecuencia que parecen formar parte de una red neuronal global. Estas señales pueden influir sutilmente en el cerebro de otras personas desde hasta 10.000 km de distancia, lo que plantea la posibilidad de que la conciencia humana esté interconectada en todo el planeta. Este trabajo se suma a un creciente cuerpo de investigaciones que sugieren que nuestros cerebros se comunican no solo a través de neuronas, sino también mediante delicados campos electromagnéticos. Algunos estudios indican que estos campos pueden ayudar a moldear la empatía, la intuición e incluso la forma en que los grupos sincronizan su comportamiento. Los experimentos también han insinuado que cuando una persona medita o se concentra profundamente, personas cercanas o incluso distantes pueden mostrar pequeños cambios en sus patrones de ondas cerebrales. El Laboratorio de Investigación de Anomalías de Ingeniería de Princeton (PEAR) ha realizado varios experimentos que demuestran que la mente tiene una capacidad sutil para influir en la salida de dispositivos conocidos como Generadores de Eventos Aleatorios (REG). Un proyecto que comenzó cuando un estudiante tenía curiosidad por estudiar los efectos de la mente y la intención humana en el entorno circundante, se convirtió en un riguroso laboratorio de pruebas donde el Dr. Robert Jahn y su asistente pasaron muchas horas experimentando para determinar si la mente tiene o no un efecto en nuestro mundo físico. Jahn y su asistente pudieron determinar que las interacciones de la mente humana con las máquinas demostraban una relación que no era física. La mente era capaz de influir y cambiar los resultados de la máquina de formas que iban más allá de las desviaciones estándar. En esencia, la conciencia estaba teniendo un efecto sobre el mundo físico. Para determinar los efectos de la intención de la mente en el mundo físico, construyeron varias máquinas llamadas generador de números aleatorios. La máquina básicamente imitaba un lanzamiento de moneda y registraba los resultados con el tiempo. La máquina realizaba 200 volteretas por segundo y producía una media de 100, como cabría esperar. Si no se atendía, la máquina continuaría produciendo resultados que sugerían un 50/50 de probabilidad de producir cara o cruz. Los resultados interesantes llegaron cuando la intención humana empezó a interactuar con la máquina. Lo que antes era una probabilidad aleatoria del 50/50 de producir cara o cola empezó a desviarse de las expectativas a medida que el observador empezaba a esperar que los números fueran más altos o menores. Aunque los efectos de la mente sobre las máquinas no fueron grandes, fue suficiente para que la física contemporánea no pueda explicar exactamente qué está ocurriendo. ¿Quizá aquí es donde el mundo cuántico puede arrojar luz? Las implicaciones de esta investigación para la humanidad son fascinantes, dado que podría alcanzar el ámbito de crear un mundo de paz, un mundo próspero y de abundancia. Si las intenciones y los pensamientos pueden influir en algo como se ha demostrado antes, ¿por qué no explorar los límites de hasta dónde puede llegar?